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Siete inviernos

.   - POESÍA EXISTENCIAL.

Comentario de la obra:


     Un poema inedito de CARLOS BARBARITO
    Sitio web
    http://d-sites.net/barbario
    Blog http://vigabajoelagua.blogspot.com

    I
     
     
    ¿El viaje aún? ¿ Partir
    hacia lo que se desconoce?
    ¿A bordo de qué tren
    o barco, de a pie? ¿Es posible
    todavía, tiene algún razón,
    algún sentido? ¿O sólo
    queda la conformidad de estar vivo,
    de respirar, de recordar
    que una vez hubo y ahora no hay?
    ¿Puede constituir eso
    la vida y no la sed de mar
    en pleno desierto, el sueño
    de mujer entre sombras,
    de música en medio del silencio?
     

    II
     
     
    Pero está el fuego, que purifica. Y
    la oscura verdad bajo el cieno.
    Alguna mínima virtud luego de la vergüenza.
    Horas en la oscuridad y un instante
    ante una luz que enceguece.
    Lo que se sabe y lo que se ignora.
    La astilla, la paradoja, el acicate.
    La mano amasa lo que la boca no comerá.
    La boca muerde lo que debiera besar.
    Oscuros pescadores en quemados arenales.
    Oscuros náufragos en patios de cemento.
    Qué surge de la tierra.
    Qué orbita el cansancio.
    Qué se hunde en la ceniza.
     
     

    III
     
     
    A través de la grieta el ojo descubre
    lo que ya sabían los muros,
    las raíces. Y es inútil la palabra.
    Y es vano el juego del niño en el barro.
    Porque al fin nada obtiene de si
    el alimento, nada alcanza
    lo que persigue, nada se transfigura.
    Hasta el aire tiene peso.
    Hasta los bailarines mueren en el fuego.
    Hasta el pez acaba en la red o en la teología.
     
     

    IV
     
     
    ¿Cómo debo llamarla? ¿Hermana,
    máscara, hocico de lobo,
    pozo o tejado, reflejo, laurel,
    demonio? Siento
    que cualquier palabra puede hacerlo
    pero que ninguna puede alcanzarla
    allí donde nace y consiste.
    Huye, se extravía en la niebla.
    Está detrás de mí, en el espejo.
    Vive en una altura indefinida, inmedible.
    No tiene peso, torna inútil la balanza.
     

    V
     
     
    Se helarán nuestras memorias
    cuando la tierra que pisamos esté seca.
    Se helarán ante nosotros las olas,
    la Vía Láctea, el libro, el relámpago.
    ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo
    evitar que nos suceda
    lo que va a sucedernos?
    ¿Por qué en toda playa,
    cuando atardece, un cadáver de pez
    y entre las galaxias, un galaxia oscura,
    que ya no emite sonido ni luz?
    ¿Por qué no pueden ser eternos
    el movimiento del nadador entre las olas,
    el aroma de las rosas en el jardín,
    nuestras imágenes reflejadas en charcos y espejos?
     

    VI
     
     
    Sumerge la mano en la sombra
    y la cree, por un momento, agua.
    No sueña.
    Sueña con un maniquí bajo la lluvia.
    Muere y despierta en la misma cama,
    bajo la misma frazada.
    Afuera, abejorros entre las flores,
    lejanos ladridos de perros,
    que no ve ni oye.
    Al alba, como siempre,
    habrá un llamado que no atenderá
    y, del otro lado, de nuevo,
    tal vez por última vez,
    una boca pura, una música celeste y pura:
    por qué no vamos al mar,
    por qué en el mar no nos desnudamos.
     
     

    VII
     
     
    Ésta es la casa. No es sólo fe,
    ni sueño, ni voluntad, ni deseo.
    Es ardua y dura materia:
    una piedra sobre otra,
    días y noches, durante años.
    Una sombra adentro de un trapo
    no basta como amante o hermana;
    ¿nacerá lo deseado del fondo de la tierra,
    al cabo de estas horas,
    cuando más arrecie la tormenta?
    ¿será entonces la edad propicia,
    el momento para tener hambre y sed
    y encontrar con los ojos cerrados?
     
     
     
     
     








     

    DEPOESIA. Ovidio Nason. Vega de Magaz, León
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