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Primer Sueño (Juana de Asbaje y Ramírez, Sor Juana Inés de

.   - POESÍA EXISTENCIAL.

Comentario de la obra:


      Primero sueño


      Piramidal, funesta, de la tierra
    nacida sombra, al Cielo encaminaba
    de vanos obeliscos punta altiva,
    escalar pretendiendo las Estrellas;
    si bien sus luces bellas                       5
    --exentas siempre, siempre rutilantes--
    la tenebrosa guerra
    que con negros vapores le intimaba
    la pavorosa sombra fugitiva
    burlaban tan distantes,                       10
    que su atezado ceño
    al superior convexo aun no llegaba
    del orbe de la Diosa
    que tres veces hermosa
    con tres hermosos rostros ser ostenta,        15
    quedando sólo o dueño
    del aire que empañaba
    con el aliento denso que exhalaba;
    y en la quietud contenta
    de imperio silencioso,                        20
    sumisas sólo voces consentía
    de las nocturnas aves,
    tan obscuras, tan graves,
    que aun el silencio no se interrumpía.

      Con tardo vuelo y canto, del oído           25
    mal, y aun peor del ánimo admitido,
    la avergonzada Nictimene acecha
    de las sagradas puertas los resquicios,
    o de las claraboyas eminentes
    los huecos más propicios                      30
    que capaz a su intento le abren brecha,
    y sacrílega llega a los lucientes
    faroles sacros de perenne llama,
    que extingue, si no infama,
    en licor claro la materia crasa               35
    consumiendo, que el árbol de Minerva
    de su fruto, de prensas agravado,
    congojoso sudó y rindió forzado.

      Y aquellas que su casa
    campo vieron volver, sus telas hierba,        40
    a la deidad de Baco inobedientes,
    --ya no historias contando diferentes,
    en forma sí afrentosa transformadas--,
    segunda forman niebla,
    ser vistas aun temiendo en la tiniebla,       45
    aves sin pluma aladas:
    aquellas tres oficïosas, digo,
    atrevidas Hermanas,
    que el tremendo castigo
    de desnudas les dio pardas membranas          50
    alas tan mal dispuestas
    que escarnio son aun de las más funestas:
    éstas, con el parlero
    ministro de Plutón un tiempo, ahora
    supersticioso indicio al agorero,             55
    solos la no canora
    componían capilla pavorosa,
    máximas, negras, longas entonando,
    y pausas más que voces, esperando
    a la torpe mensura perezosa                   60
    de mayor proporción tal vez, que el viento
    con flemático echaba movimiento,
    de tan tardo compás, tan detenido,
    que en medio se quedó tal vez dormido.

      Éste, pues, triste son intercadente         65
    de la asombrada turba temerosa,
    menos a la atención solicitaba
    que al sueño persuadía;
    antes sí, lentamente,
    su obtusa consonancia espaciosa               70
    al sosiego inducía
    y al reposo los miembros convidaba,
    --el silencio intimando a los vivientes,
    uno y otro sellando labio obscuro
    con indicante dedo,                           75
    Harpócrates, la noche, silencioso;
    a cuyo, aunque no duro,
    si bien imperïoso
    precepto, todos fueron obedientes--.

      El viento sosegado, el can dormido,         80
    éste yace, aquél quedo
    los átomos no mueve,
    con el susurro hacer temiendo leve,
    aunque poco, sacrílego ruïdo,
    violador del silencio sosegado.               85
    El mar, no ya alterado,
    ni aun la instable mecía
    cerúlea cuna donde el Sol dormía;
    y los dormidos, siempre mudos, peces,
    en los lechos lamosos                         90
    de sus obscuros senos cavernosos,
    mudos eran dos veces;
    y entre ellos, la engañosa encantadora
    Alcione, a los que antes
    en peces transformó, simples amantes,         95
    transformada también, vengaba ahora.

      En los del monte senos escondidos,
    cóncavos de peñascos mal formados
    --de su aspereza menos defendidos
    que de su obscuridad asegurados--,           100
    cuya mansión sombría
    ser puede noche en la mitad del día,
    incógnita aun al cierto
    montaraz pie del cazador experto,
    --depuesta la fiereza                        105
    de unos, y de otros el temor depuesto--
    yacía el vulgo bruto,
    a la Naturaleza
    el de su potestad pagando impuesto,
    universal tributo;                           110
    y el Rey, que vigilancias afectaba,
    aun con abiertos ojos no velaba.

      El de sus mismos perros acosado,
    monarca en otro tiempo esclarecido,
    tímido ya venado,                            115
    con vigilante oído,
    del sosegado ambiente
    al menor perceptible movimiento
    que los átomos muda,
    la oreja alterna aguda                       120
    y el leve rumor siente
    que aun le altera dormido.
    Y en la quietud del nido,
    que de brozas y lodo, instable hamaca,
    formó en la más opaca                        125
    parte del árbol, duerme recogida
    la leve turba, descansando el viento
    del que le corta, alado movimiento.

      De Júpiter el ave generosa
    --como al fin Reina--, por no darse entera   130
    al descanso, que vicio considera
    si de preciso pasa, cuidadosa
    de no incurrir de omisa en el exceso,
    a un solo pie librada fía el peso
    y en otro guarda el cálculo pequeño          135
    --despertador reloj del leve sueño--,
    porque, si necesario fue admitido,
    no pueda dilatarse continuado,
    antes interrumpido
    del regio sea pastoral cuidado.              140
    ¡Oh de la Majestad pensión gravosa,
    que aun el menor descuido no perdona!
    Causa, quizá, que ha hecho misteriosa,
    circular, denotando, la corona,
    en círculo dorado,                           145
    que el afán es no menos continuado.

      El sueño todo, en fin, lo poseía;
    todo, en fin, el silencio lo ocupaba:
    aun el ladrón dormía;
    aun el amante no se desvelaba.               150

      El conticinio casi ya pasando
    iba, y la sombra dimidiaba, cuando
    de las diurnas tareas fatigados,
    --y no sólo oprimidos
    del afán ponderoso                           155
    del corporal trabajo, mas cansados
    del deleite también, (que también cansa
    objeto continuado a los sentidos
    aun siendo deleitoso:
    que la Naturaleza siempre alterna            160
    ya una, ya otra balanza,
    distribuyendo varios ejercicios,
    ya al ocio, ya al trabajo destinados,
    en el fiel infïel con que gobierna
    la aparatosa máquina del mundo)--;           165
    así, pues, de profundo
    sueño dulce los miembros ocupados,
    quedaron los sentidos
    del que ejercicio tienen ordinario,
    --trabajo en fin, pero trabajo amado         170
    si hay amable trabajo--,
    si privados no, al menos suspendidos,
    y cediendo al retrato del contrario
    de la vida, que--lentamente armado--
    cobarde embiste y vence perezoso             175
    con armas soñolientas,
    desde el cayado humilde al cetro altivo,
    sin que haya distintivo
    que el sayal de la púrpura discierna:
    pues su nivel, en todo poderoso,             180 
    gradúa por exentas
    a ningunas personas,
    desde la de a quien tres forman coronas
    soberana tiara,
    hasta la que pajiza vive choza;              185
    desde la que el Danubio undoso dora,
    a la que junco humilde, humilde mora;
    y con siempre igual vara
    (como, en efecto, imagen poderosa
    de la muerte) Morfeo                         190
    el sayal mide igual con el brocado.

      El alma, pues, suspensa
    del exterior gobierno,--en que ocupada
    en material empleo,
    o bien o mal da el día por gastado--,        195
    solamente dispensa
    remota, si del todo separada
    no, a los de muerte temporal opresos
    lánguidos miembros, sosegados huesos,
    los gajes del calor vegetativo,              200
    el cuerpo siendo, en sosegada calma,
    un cadáver con alma,
    muerto a la vida y a la muerte vivo,
    de lo segundo dando tardas señas
    el del reloj humano                          205
    vital volante que, si no con mano,
    con arterial concierto, unas pequeñas
    muestras, pulsando, manifiesta lento
    de su bien regulado movimiento.

      Este, pues, miembro rey y centro vivo      210
    de espíritus vitales,
    con su asociado respirante fuelle
    --pulmón, que imán del viento es atractivo,
    que en movimientos nunca desiguales
    o comprimiendo ya, o ya dilatando            215
    el musculoso, claro arcaduz blando,
    hace que en el resuelle
    el que le circunscribe fresco ambiente
    que impele ya caliente,
    y él venga su expulsión haciendo activo      220
    pequeños robos al calor nativo,
    algún tiempo llorados,
    nunca recuperados,
    si ahora no sentidos de su dueño,
    que, repetido, no hay robo pequeño--;        225
    éstos, pues, de mayor, como ya digo,
    excepción, uno y otro fiel testigo,
    la vida aseguraban,
    mientras con mudas voces impugnaban
    la información, callados, los sentidos       230
    --con no replicar sólo defendidos--,
    y la lengua que, torpe, enmudecía,
    con no poder hablar los desmentía.

      Y aquella del calor más competente
    científica oficina,                          235
    próvida de los miembros despensera,
    que avara nunca y siempre diligente,
    ni a la parte prefiere más vecina
    ni olvida a la remota,
    y en ajustado natural cuadrante              240
    las cuantidades nota
    que a cada cuál tocarle considera,
    del que alambicó quilo el incesante
    calor, en el manjar que--medianero
    piadoso--entre él y el húmedo interpuso      245
    su inocente substancia,
    pagando por entero
    la que, ya piedad sea, o ya arrogancia,
    al contrario voraz necio lo expuso,
    --merecido castigo, aunque se excuse,        250
    al que en pendencia ajena se introduce--;
    ésta, pues, si no fragua de Vulcano,
    templada hoguera del calor humano,
    al cerebro envïaba
    húmedos, más tan claros los vapores          255
    de los atemperados cuatro humores,
    que con ellos no sólo no empañaba
    los simulacros que la estimativa
    dio a la imaginativa
    y aquésta, por custodia más segura,          260
    en forma ya más pura
    entregó a la memoria que, oficiosa,
    grabó tenaz y guarda cuidadosa,
    sino que daban a la fantasía
    lugar de que formase                         265
    imágenes diversas. * Y del modo
    que en tersa superficie, que de Faro
    cristalino portento, asilo raro
    fue, en distancia longísima se vían
    (sin que ésta le estorbase)                  270
    del reino casi de Neptuno todo
    las que distantes le surcaban naves,
    --viéndose claramente
    en su azogada luna
    el número, el tamaño y la fortuna            275
    que en la instable campaña transparente
    arresgadas tenían,
    mientras aguas y vientos dividían
    sus velas leves y sus quillas graves--:
    así ella, sosegada, iba copiando             280
    las imágenes todas de las cosas,
    y el pincel invisible iba formando
    de mentales, sin luz, siempre vistosas
    colores, las figuras
    no sólo ya de todas las criaturas            285
    sublunares, más aun también de aquéllas
    que intelectuales claras son Estrellas,
    y en el modo posible
    que concebirse puede lo invisible,
    en sí, mañosa, las representaba              290
    y al Alma las mostraba.

      La cual, en tanto, toda convertida
    a su inmaterial Ser y esencia bella,
    aquella contemplaba,
    participada de alto Ser, centella            295
    que con similitud en sí gozaba;
    y juzgándose casi dividida
    de aquella que impedida
    siempre la tiene, corporal cadena,
    que grosera embaraza y torpe impide          300
    el vuelo intelectual con que ya mide
    la cuantidad inmensa de la Esfera,
    ya el curso considera
    regular, con que giran desiguales
    los cuerpos celestiales,                     305
    --culpa si grave, merecida pena
    (torcedor del sosiego, riguroso)
    de estudio vanamente judicioso--,
    puesta, a su parecer, en la eminente
    cumbre de un monte a quien el mismo Atlante  310
    que preside gigante
    a los demás, enano obedecía,
    y Olimpo, cuya sosegada frente
    nunca de aura agitada
    consintió ser violada,                       315
    aun falda suya ser no merecía:
    pues las nubes:--que opaca son corona
    de la más elevada corpulencia,
    del volcán más soberbio que en la tierra
    gigante erguido intima al cielo guerra--,    320
    apenas densa zona
    de su altiva eminencia,
    o a su vasta cintura
    cíngulo tosco son, que--mal ceñido--
    o el viento lo desata sacudido,              325
    o vecino el calor del Sol lo apura.

      A la región primera de su altura,
    (ínfima parte, digo, dividiendo
    en tres su continuado cuerpo horrendo),
    el rápido no pudo, el veloz vuelo            330
    del águila--que puntas hace al Cielo
    y al Sol bebe los rayos pretendiendo
    entre sus luces colocar su nido--
    llegar; bien que esforzando
    más que nunca el impulso, ya batiendo        335
    las dos plumadas velas, ya peinando
    con las garras el aire, ha pretendido,
    tejiendo de los átomos escalas,
    que su inmunidad rompan sus dos alas.

      Las Pirámides dos--ostentaciones           340
    de Menfis vano y de la Arquitectura
    último esmero, si ya no pendones
    fijos, no tremolantes--, cuya altura
    coronada de bárbaros trofeos
    tumba y bandera fue a los Ptolomeos,         345
    que al viento, que a las nubes publicaba
    (si ya también al Cielo no decía)
    de su grande, su siempre vencedora
    ciudad--ya Cairo ahora--
    las que, porque a su copia enmudía,          350
    la Fama no cantaba.
    Gitanas glorias, Ménficas proezas,
    aun en el viento, aun en el Cielo impresas:

      éstas,--que en nivelada simetría
    su estatura crecía                           355
    con tal diminución, con arte tanto,
    que (cuanto más al Cielo caminaba)
    a la vista, que lince la miraba,
    entre los vientos se desparecía,
    sin permitir mirar la sutil punta            360
    que al primer orbe finge que se junta,
    hasta que fatigada del espanto,
    no descendida, sino despeñada
    se hallaba al pie de la espaciosa basa,
    tarde o mal recobrada                        365
    del desvanecimiento
    que pena fue no escasa
    del visüal alado atrevimiento--,
    cuyos cuerpos opacos
    no al Sol opuestos, antes avenidos           370
    con sus luces, si no confederados
    con él (como, en efecto, confinantes),
    tan del todo bañados
    de su resplandor eran, que --lucidos--
    nunca de calorosos caminantes                375
    al fatigado aliento, a los pies flacos,
    ofrecieron alfombra
    aun de pequeña, aun de señal de sombra

      éstas, que glorias ya sean Gitanas,
    o elaciones profanas,                        380
    bárbaros jeroglíficos de ciego
    error, según el Griego
    ciego también, dulcísimo Poeta,
    --si ya, por las que escribe
    Aquileyas proezas                            385
    o marciales de Ulises sutilezas,
    la unión no le recibe
    de los Historiadores, o le acepta
    (cuando entre su catálogo le cuente)
    que gloria más que número le aumente--,      390
    de cuya dulce serie numerosa
    fuera más fácil cosa
    al temido Tonante
    el rayo fulminante
    quitar, o la pesada                          395
    a Alcides clava herrada,
    que un hemistiquio sólo
    de los que le dictó propicio Apolo:

      según de Homero, digo, la sentencia,
    las Pirámides fueron materiales              400
    tipos solos, señales exteriores
    de las que, dimensiones interiores,
    especies son del Alma intencionales:
    que como sube en piramidal punta
    al Cielo la ambiciosa llama ardiente,        405
    así la humana mente
    su figura trasunta,
    y a la Causa Primera siempre aspira,
    --céntrico punto donde recta tira
    la línea, si ya no circunferencia,           410
    que contiene, infinita, toda esencia--.

      éstos, pues, Montes dos artificiales
    (bien maravillas, bien milagros sean),
    y aun aquella blasfema altiva Torre
    de quien hoy dolorosas son señales           415
    --no en piedras, sino en lenguas desiguales,
    porque voraz el tiempo no las borre--
    los idiomas diversos que escasean
    el socïable trato de las gentes
    (haciendo que parezcan diferentes            420
    los que unos hizo la Naturaleza,
    de la lengua por sólo la extrañeza),
    si fueran comparados
    a la mental pirámide elevada
    donde, sin saber cómo, colocada              425
    el Alma se miró, tan atrasados
    se hallaran, que cualquiera
    gradüara su cima por Esfera:
    pues su ambicioso anhelo,
    haciendo cumbre de su propio vuelo,          430
    en la más eminente
    la encumbró parte de su propia mente,
    de sí tan remontada, que creía
    que a otra nueva región de sí salía.

      En cuya casi elevación inmensa,            435
    gozosa mas suspensa,
    suspensa pero ufana,
    y atónita aunque ufana, la suprema
    de lo sublunar Reina soberana,
    la vista perspicaz, libre de anteojos,       440
    de sus intelectuales bellos ojos,
    (sin que distancia tema
    ni de obstáculo opaco se recele,
    de que interpuesto algún objeto cele),
    libre tendió por todo lo crïado:             445
    cuyo inmenso agregado,
    cúmulo incomprehensible,
    aunque a la vista quiso manifiesto
    dar señas de posible,
    a la comprehensión no, que--entorpecida      450
    con la sobra de objetos, y excedida
    de la grandeza de ellos su potencia--,
    retrocedió cobarde.

      Tanto no, del osado presupuesto,
    revocó la intención, arrepentida,            455
    la vista que intentó descomedida
    en vano hacer alarde
    contra objeto que excede en excelencia
    las líneas visuales,
    --contra el Sol, digo, cuerpo luminoso,      460
    cuyos rayos castigo son fogoso,
    que fuerzas desiguales
    despreciando, castigan rayo a rayo
    el confïado, antes atrevido
    y ya llorado ensayo,                         465
    (necia experiencia que costosa tanto
    fue, que ícaro ya, su propio llanto
    lo anegó enternecido)--,
    como el entendimiento, aquí vencido
    no menos de la inmensa muchedumbre           470
    (de tanta maquinosa pesadumbre
    de diversas especies, conglobado
    esférico compuesto),
    que de las cualidades
    de cada cual, cedió; tan asombrado,          475
    que--entre la copia puesto,
    pobre con ella en las neutralidades
    de un mar de asombros, la elección confusa--,
    equivocó las ondas zozobraba;
    y por mirarlo todo, nada vía,                480
    ni discernir podía
    (bota la facultad intelectiva
    en tanta, tan difusa
    incomprehensible especie que miraba
    desde el un eje en que librada estriba       485
    la máquina voluble de la Esfera,
    al contrapuesto polo)
    las partes, ya no solo,
    que al universo todo considera
    serle perfeccionantes,                       490
    a su ornato, no mas, pertenecientes;
    Mas ni aun las que integrantes
    miembros son de su cuerpo dilatado,
    proporcionadamente competentes.

      Mas como al que ha usurpado                495
    diuturna obscuridad, de los objetos
    visibles los colores,
    si súbitos le asaltan resplandores,
    con la sobra de luz queda más ciego
    --que el exceso contrarios hace efectos      500
    en la torpe potencia, que la lumbre
    del Sol admitir luego
    no puede por la falta de costumbre--,
    y a la tiniebla misma, que antes era
    tenebroso a la vista impedimento,            505
    de los agravios de la luz apela,
    y una vez y otra con la mano cela
    de los débiles ojos deslumbrados
    los rayos vacilantes,
    sirviendo ya--piadosa medianera—             510
    la sombra de instrumento
    para que recobrados
    por grados se habiliten,
    porque después constantes
    su operación más firmes ejerciten,           515
    --recurso natural, innata ciencia
    que confirmada ya de la experiencia,
    maestro quizá mudo,
    retórico ejemplar, inducir pudo
    a uno y otro Galeno                          520
    para que del mortífero veneno,
    en bien proporcionadas cantidades
    escrupulosamente regulando
    las ocultas nocivas cualidades,
    ya por sobrado exceso                        525
    de cálidas o frías,
    o ya por ignoradas simpatías
    o antipatías con que van obrando
    las causas naturales su progreso,
    (a la admiración dando, suspendida,          530
    efecto cierto en causa no sabida,
    con prolijo desvelo y remirada
    empírica atención, examinada
    en la bruta experiencia,
    por menos peligrosa),                        535
    la confección hicieran provechosa,
    último afán de la Apolínea ciencia,
    de admirable trïaca,
    ¡que así del mal el bien tal vez se saca!--:
    no de otra suerte el Alma, que asombrada     540
    de la vista quedó de objeto tanto,
    la atención recogió, que derramada
    en diversidad tanta, aun no sabía
    recobrarse a sí misma del espanto
    que portentoso había                         545
    su discurso calmado,
    permitiéndole apenas
    de un concepto confuso
    el informe embrïón que, mal formado,
    inordinado caos retrataba                    550
    de confusas especies que abrazaba,
    --sin orden avenidas,
    sin orden separadas,
    que cuanto más se implican combinadas
    tanto más se disuelven desunidas,            555
    de diversidad llenas--,
    ciñendo con violencia lo difuso
    de objeto tanto, a tan pequeño vaso,
    (aun al más bajo, aun al menor, escaso).

      Las velas, en efecto, recogidas,           560
    que fïó inadvertidas
    traidor al mar, al viento ventilante,
    --buscando, desatento,
    al mar fidelidad, constancia al viento--,
    mal le hizo de su grado                      565
    en la mental orilla
    dar fondo, destrozado,
    al timón roto, a la quebrada entena,
    besando arena a arena
    de la playa el bajel, astilla a astilla,     570
    donde--ya recobrado--
    el lugar usurpó de la carena
    cuerda refleja, reportado aviso
    de dictamen remiso:
    que, en su operación misma reportado,        575
    más juzgó conveniente
    a singular asunto reducirse,
    o separadamente
    una por una discurrir las cosas
    que vienen a ceñirse                         580
    en las que artificiosas
    dos veces cinco son Categorías:

      reducción metafísica que enseña
    (los entes concibiendo generales
    en sólo unas mentales fantasías              585
    donde de la materia se desdeña
    el discurso abstraído)
    ciencia a formar de los universales,
    reparando, advertido,
    con el arte el defecto                       590
    de no poder con un intüitivo
    conocer acto todo lo crïado,
    sino que, haciendo escala, de un concepto
    en otro va ascendiendo grado a grado,
    y el de comprender orden relativo            595
    sigue, necesitado
    del del entendimiento
    limitado vigor, que a sucesivo
    discurso fía su aprovechamiento:

      cuyas débiles fuerzas, la doctrina         600
    con doctos alimentos va esforzando,
    y el prolijo, si blando,
    continuo curso de la disciplina,
    robustos le va alientos infundiendo,
    con que más animoso                          605
    al palio glorïoso
    del empeño más arduo, altivo aspira,
    los altos escalones ascendiendo,
    --en una ya, ya en otra cultivado
    facultad--, hasta que insensiblemente        610
    la honrosa cumbre mira
    término dulce de su afán pesado
    (de amarga siembra, fruto al gusto grato,
    que aun a largas fatigas fue barato),
    y con planta valiente                        615
    la cima huella de su altiva frente.

      De esta serie seguir mi entendimiento
    el método quería,
    o del ínfimo grado
    del ser inanimado                            620
    (menos favorecido,
    si no más desvalido,
    de la segunda causa productiva),
    pasar a la más noble jerarquía
    que, en vegetable aliento,                   625
    primogénito es, aunque grosero,
    de Thetis,--el primero
    que a sus fértiles pechos maternales,
    con virtud atractiva,
    los dulces apoyó manantïales                 630
    de humor terrestre, que a su nutrimento
    natural es dulcísimo alimento--,
    y de cuatro adornada operaciones
    de contrarias acciones,
    ya atrae, ya segrega diligente               635
    lo que no serle juzga conveniente,
    ya lo superfluo expele, y de la copia
    la substancia más útil hace propia;

      y--esta ya investigada--,
    forma inculcar más bella                     640
    (de sentido adornada,
    y aun más que de sentido, de aprehensiva
    fuerza imaginativa),
    que justa puede ocasionar querella
    --cuando afrenta no sea--                    645
    de la que más lucida centellea
    inanimada Estrella,
    bien que soberbios brille resplandores,
    --que hasta a los Astros puede superiores,
    aun la menor criatura, aun la más baja,      650
    ocasionar envidia, hacer ventaja--;

      y de este corporal conocimiento
    haciendo, bien que escaso, fundamento,
    al supremo pasar maravilloso
    compuesto triplicado,                        655
    de tres acordes líneas ordenado
    y de las formas todas inferiores
    compendio misterioso:
    bisagra engarzadora
    de la que más se eleva entronizada           660
    Naturaleza pura
    y de la que, criatura
    menos noble, se ve más abatida:
    no de las cinco solas adornada
    sensibles facultades,                        665
    mas de las interiores
    que tres rectrices son, ennoblecida,
    --que para ser señora
    de las demás, no en vano
    la adornó Sabia Poderosa Mano--:             670
    fin de Sus obras, círculo que cierra
    la Esfera con la tierra,
    última perfección de lo criado
    y último de su Eterno Autor agrado,
    en quien con satisfecha complacencia         675
    Su inmensa descansó magnificencia:

      fábrica portentosa
    que, cuanto más altiva al Cielo toca,
    sella el polvo la boca,
    --de quien ser pudo imagen misteriosa        680
    la que águila Evangélica, sagrada
    visión en Patmos vio, que las Estrellas
    midió y el suelo con iguales huellas,
    o la estatua eminente
    que del metal mostraba más preciado          685
    la rica altiva frente,
    y en el más desechado
    material, flaco fundamento hacía,
    con que a leve vaivén se deshacía--:
    el Hombre, digo, en fin, mayor portento      690
    que discurre el humano entendimiento;
    compendio que absoluto
    parece al ángel, a la planta, al bruto;
    cuya altiva bajeza
    toda participó Naturaleza.                   695
    ¿Por qué? Quizá porque más venturosa
    que todas, encumbrada
    a merced de amorosa
    Unión sería. ¡Oh, aunque repetida,
    nunca bastantemente bien sabida              700
    merced, pues ignorada
    en lo poco apreciada
    parece, o en lo mal correspondida!

      Estos, pues, grados discurrir quería
    unas veces; pero otras, disentía,            705
    excesivo juzgando atrevimiento
    el discurrirlo todo,
    quien aun la más pequeña,
    aun la más fácil parte no entendía
    de los más manüales                          710
    efectos naturales;
    quien de la fuente no alcanzó risueña
    el ignorado modo
    con que el curso dirige cristalino
    deteniendo en ambages su camino,             715
    --los horrorosos senos
    de Plutón, las cavernas pavorosas
    del abismo tremendo,
    las campañas hermosas,
    los Eliseos amenos,                          720
    tálamo ya de su triforme esposa,
    clara pesquisidora registrando,
    (útil curiosidad, aunque prolija,
    que de su no cobrada bella hija
    noticia cierta dio a la rubia Diosa,         725
    cuando montes y selvas trastornando,
    cuando prados y bosques inquiriendo,
    su vida iba buscando
    y del dolor su vida iba perdiendo)--;

      quien de la breve flor aun no sabía        730
    por qué ebúrnea figura
    circunscribe su frágil hermosura:
    mixtos, por qué, colores
    --confundiendo la grana en los albores--
    fragante le son gala:                        735
    ambares por qué exhala,
    y el leve, si más bello
    ropaje al viento explica,
    que en una y otra fresca multiplica
    hija, formando pompa escarolada              740
    de dorados perfiles cairelada,
    que --roto del capillo el blanco sello--
    de dulce herida de la Cipria Diosa
    los despojos ostenta jactanciosa,
    si ya el que la colora,                      745
    candor al alba, púrpura al aurora
    no le usurpó y, mezclado,
    purpúreo es ampo, rosicler nevado:
    tornasol que concita
    los que del prado aplausos solicita,         750
    preceptor quizá vano
    --si no ejemplo profano--
    de industria femenil que el más activo
    veneno, hace dos veces ser nocivo
    en el velo aparente                          755
    de la que finge tez resplandeciente.

      Pues si a un objeto solo, --repetía
    tímido el Pensamiento--,
    huye el conocimiento
    y cobarde el discurso se desvía;             760
    si a especie segregada
    --como de las demás independiente,
    como sin relación considerada--
    da las espaldas el entendimiento,
    y asombrado el discurso se espeluza          765
    del difícil certamen que rehúsa
    acometer valiente,
    porque teme cobarde
    comprehenderlo o mal, o nunca, o tarde,
    ¿cómo en tan espantosa                       770
    máquina inmensa discurrir pudiera,
    cuyo terrible incomportable peso
    --si ya en su centro mismo no estribara--
    de Atlante a las espaldas agobiara,
    de Alcides a las fuerzas excediera;          775
    y el que fue de la Esfera
    bastante contrapeso,
    pesada menos, menos ponderosa
    su máquina juzgara, que la empresa
    de investigar a la Naturaleza?               780

      Otras --más esforzado--
    demasiada acusaba cobardía
    el lauro antes ceder, que en la lid dura
    haber siquiera entrado,
    y al ejemplar osado                          785
    del claro joven la atención volvía,
    --auriga altivo del ardiente carro--,
    y el, si infeliz, bizarro
    alto impulso, el espíritu encendía:
    donde el ánimo halla                         790
    --más que el temor ejemplos de escarmiento--
    abiertas sendas al atrevimiento,
    que una ya vez trilladas, no hay castigo
    que intento baste a remover segundo,
    (segunda ambición, digo).                    795

      Ni el panteón profundo
    --cerúlea tumba a su infeliz ceniza--,
    ni el vengativo rayo fulminante
    mueve, por más que avisa,
    al ánimo arrogante                           800
    que, el vivir despreciando, determina
    su nombre eternizar en su ruina.
    Tipo es, antes, modelo:
    ejemplar pernicioso
    que alas engendra a repetido vuelo,          805
    del ánimo ambicioso
    que --del mismo terror haciendo halago
    que al valor lisonjea--,
    las glorias deletrea
    entre los caracteres del estrago.            810
    O el castigo jamás se publicara,
    porque nunca el delito se intentara:
    político silencio antes rompiera
    los autos del proceso,
    --circunspecto estadista--;                  815
    o en fingida ignorancia simulara,
    o con secreta pena castigara
    el insolente exceso,
    sin que a popular vista
    el ejemplar nocivo propusiera:               820
    que del mayor delito la malicia
    peligra en la noticia,
    contagio dilatado trascendiendo;
    porque singular culpa sólo siendo,
    dejara más remota a lo ignorado              825
    su ejecución, que no a lo escarmentado.

      Mas mientras entre escollos zozobraba
    confusa la elección, sirtes tocando
    de imposibles, en cuantos intentaba
    rumbos seguir, --no hallando                 830
    materia en que cebarse
    el calor ya, pues su templada llama
    (llama al fin, aunque más templada sea,
    que si su activa emplea
    operación, consume, si no inflama)           835
    sin poder excusarse
    había lentamente
    el manjar trasformado,
    propia substancia de la ajena haciendo:
    y el que hervor resultaba bullicioso         840
    de la unión entre el húmedo y ardiente,
    en el maravilloso
    natural vaso, había ya cesado
    (faltando el medio), y consiguientemente
    los que de él ascendiendo                    845
    soporíferos, húmedos vapores
    el trono racional embarazaban
    (desde donde a los miembros derramaban
    dulce entorpecimiento),
    a los suaves ardores                         850
    del calor consumidos,
    las cadenas del sueño desataban:
    y la falta sintiendo de alimento
    los miembros extenuados,
    del descanso cansados,                       855
    ni del todo despiertos ni dormidos,
    muestras de apetecer el movimiento
    con tardos esperezos
    ya daban, extendiendo
    los nervios, poco a poco, entumecidos,       860
    y los cansados huesos
    (aun sin entero arbitrio de su dueño)
    volviendo al otro lado--,
    a cobrar empezaron los sentidos,
    dulcemente impedidos                         865
    del natural beleño,
    su operación, los ojos entreabriendo.

      Y del cerebro, ya desocupado,
    las fantasmas huyeron
    y --como de vapor leve formadas--            870
    en fácil humo, en viento convertidas,
    su forma resolvieron.
    Así linterna mágica, pintadas
    representa fingidas
    en la blanca pared varias figuras,           875
    de la sombra no menos ayudadas
    que de la luz: que en trémulos reflejos
    los competentes lejos
    guardando de la docta perspectiva,
    en sus ciertas mensuras                      880
    de varias experiencias aprobadas,
    la sombra fugitiva,
    que en el mismo esplendor se desvanece,
    cuerpo finge formado,
    de todas dimensiones adornado,               885
    cuando aun ser superficie no merece.

      En tanto el Padre de la Luz ardiente,
    de acercarse al Oriente
    ya el término prefijo conocía,
    y al antípoda opuesto despedía               890
    con transmontantes rayos:
    que --de su luz en trémulos desmayos--
    en el punto hace mismo su Occidente,
    que nuestro Oriente ilustra luminoso.
    Pero de Venus, antes, el hermoso             895
    apacible lucero
    rompió el albor primero,
    y del viejo Tithón la bella esposa
    --amazona de luces mil vestida,
    contra la noche armada,                      900
    hermosa si atrevida,
    valiente aunque llorosa--,
    su frente mostró hermosa
    de matutinas luces coronada,
    aunque tierno preludio, ya animoso,          905
    del Planeta fogoso,
    que venía las tropas reclutando
    de bisoñas vislumbres,
    --las más robustas, veteranas lumbres
    para la retaguardia reservando--,            910
    contra la que, tirana usurpadora
    del imperio del día,
    negro laurel de sombras mil ceñía
    y con nocturno cetro pavoroso
    las sombras gobernaba,                       915
    de quien aun ella misma se espantaba.

      Pero apenas la bella precursora
    signifera del Sol, el luminoso
    en el Oriente tremoló estandarte,
    tocando al arma todos los suaves             920
    si bélicos clarines de las aves,
    (diestros, aunque sin arte,
    trompetas sonorosos),
    cuando, --como tirana al fin, cobarde,
    de recelos medrosos                          925
    embarazada, bien que hacer alarde
    intentó de sus fuerzas, oponiendo
    de su funesta capa los reparos,
    breves en ella de los tajos claros
    heridas recibiendo,                          930
    (bien que mal satisfecho su denuedo,
    pretexto mal formado fue del miedo,
    su débil resistencia conociendo)--,
    a la fuga ya casi cometiendo
    más que a la fuerza, el medio de salvarse,   935
    ronca tocó bocina
    a recoger los negros escuadrones
    para poder en orden retirarse,
    cuando de más vecina
    plenitud de reflejos fue asaltada,           940
    que la punta rayó más encumbrada
    de los del Mundo erguidos torreones.

      Llegó, en efecto, el Sol cerrando el giro
    que esculpió de oro sobre azul zafiro:
    de mil multiplicados                         945
    mil veces puntos, flujos mil dorados
    --líneas, digo, de luz clara--, salían
    de su circunferencia luminosa,
    pautando al Cielo la cerúlea plana;
    y a la que antes funesta fue tirana          950
    de su imperio, atropadas embestían:
    que sin concierto huyendo presurosa
    --en sus mismos horrores tropezando--
    su sombra iba pisando,
    y llegar al Ocaso pretendía                  955
    con el (sin orden ya) desbaratado
    ejército de sombras, acosado
    de la luz que el alcance le seguía.

      Consiguió, al fin, la vista del Ocaso
    el fugitivo paso,                            960
    y --en su mismo despeño recobrada
    esforzando el aliento en la rüina--,
    en la mitad del globo que ha dejado
    el Sol desamparada,
    segunda vez rebelde determina                965
    mirarse coronada,
    mientras nuestro Hemisferio la dorada
    ilustraba del Sol madeja hermosa,
    que con luz judiciosa
    de orden distributivo, repartiendo           970
    a las cosas visibles sus colores
    iba, y restituyendo
    entera a los sentidos exteriores
    su operación, quedando a luz más cierta
    el mundo iluminado y yo despierta.           975



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