oda, POEMAS DE GRANDEZA, Letras de canciones y poemas.

DEPOESÍA. Letras de canciones, poemas de amor, desamor, muerte y desengaño. Poesía de todas las épocas y estilos
Letras en español, letras en inglés, versos de serenidad, alegría, lovcura y desesperación. Poemas para toos los estados de ánimo y ocasiones. Humor, sentimiento y reflexión
BUSCAR LETRAS DE CANCIONES O POESÍAS POR TÍTULO O AUTOR:

Publicidad

Poesías disponibles en POEMAS DE GRANDEZA

Deposía. Un poema para cada momento.

Oda

.   - POEMAS DE GRANDEZA.

Comentario de la obra:


     
             Oda.


    De los tres cielos que recorre el hombre
    de la existencia en la medida impía,
    cuando la gloria me enseñó tu nombre
    yo estaba en el primero todavía.
    La pena que del pecho
    hasta el abismo lóbrego desciende,
    y del cadáver de un amor deshecho
    finge flotando en derredor del lecho
    la aparición bellísima de un duende;
    la sombra a cuyo peso aborrecido
    muere el placer y el alma se acobarda,
    tratando de evocar en el olvido
    el recuerdo dulcísimo y querido
    de los besos del ángel de la guarda;
    todo eso que en la frente
    deja un sello de luto y desconsuelo,
    cuando en el alma pálida y doliente
    no queda ni la fe. que es del creyente
    la última golondrina que alza el vuelo,
    todo eso que de noche
    baja hasta el corazón como una sombra,
    y que terrible y sin piedad ninguna,
    sus ilusiones todas despedaza,
    aún no era sobre el cielo de mi cuna,
    ni la pálida nube que importuna
    se levanta enseñando la amenaza.

    Dichoso con la dulce indiferencia
    del que al amor de su callado asilo
    ha vivido a la luz de la inocencia,
    acostumbrado a ver en la existencia
    la imagen de un azul siempre tranquilo,
    yo entonces ignoraba
    que, más allá de aquel humilde techo
    que sus caricias y su amor me daba,
    clamando al cielo y suspirando en vano
    desde el rincón sin luz de la vigilia,
    hubiera en otro hogar una familia
    de la que yo también era un hermano...

    Mi amor no sospechaba que existiera
    más ilusión, ni cariñoso exceso,
    que la mirada dulce y hechicera
    de la santa mujer que la primera
    nos anuncia a la vida con un beso...
    Y hasta que al ducle y mágico sonido
    del arpa que temblaba entre tus manos,
    dejé mi rama, abandoné mi nido
    y te segué hasta ese árbol bendecido,
    donde todos los nidos son hermanos,
    fue cuando despertando de la calma
    en que flotaba la existencia mía,
    sentí asomar en lo íntimo de mi alma
    algo como la luz de un nuevo día.

    Tu voz fue la primera
    que me habló en la dulzura de ese idioma
    que canta como canta la paloma
    y gime como gime la palmera...
    las cuerdas de tu lira,
    como la voz de la primera alondra
    que llama a las demás y las despierta,
    fueron las que al arrullo de tu acento
    sonaron sobre mi alma estremecida,
    como si siendo un pájaro la vida
    quisieran despertarlo al sentimiento...

    Tu nombre va ligado en mi cariño
    con los recuerdos santos y amorosos
    de mis tiempos de niño,
    con los placeres dulces y sabrosos
    de esa época sonriente,
    en la que es cada instante una promesa
    y en la que el ángel de la fe aún no besa
    las primeras arrugas de la frente;
    tu nombre es la memoria
    del pueblo y del hogar adonde un día
    fue a estremecerse el eco de tu gloria
    y el trino arrullador de tu poesía;
    la evocación de todo lo más santo
    en medio de mis noches desmayadas,
    que aún tiemblan a las dulces campanadas,
    de aquellas horas en que amaba tanto...

    Y así, cuando yo supe
    que abandonada a tu dolor morías,
    y que en tu muda y lánguida tristeza
    renunciabas a ver junto a tu lecho,
    quien, al rodar sin vida tu cabeza,
    recogiera el laurel de tu grandeza
    y el último sollozo de tu pecho;
    cuando yo supe que en la huesa insana
    te inclinabas por fin pálida y sola,
    sin que el adiós de tu alma soberana
    se enlutara la cítara cubana,
    ni gimiera la cítara española;
    al darte mis adioses, los adioses
    de la eterna y postrera despedida,
    sentí que algo de triste sollozaba
    de mi dolor en el oscuro abismo,
    y que tu sombra que flotaba arriba,
    al extinguirse y al borrarse se iba
    llevándose un pedazo de sí mismo,
    y entonces al poder de los recuerdos,
    borrando la distancia,
    tendí mis alas hacia el nido blando
    de los primeros sueños de la infancia;
    llegué al rincón modesto
    donde tus dulces páginas leía,
    a la fe y al amor siempre dispuesto,
    y allí de pie frente a la blanca cuna
    donde en sus flores me envolvió el destino,
    busqué en su fondo alguna
    que aún no cerrara su oloroso broche,
    y en él hallé dormida,
    esta con la que el alma agradecida
    viene a aromar las sombras de la noche.

    Deuda en mi cariño
    contraje desde niño con tu nombre,
    esa flor es el cántico del niño
    mezclada con las lágrimas del hombre;
    esta flor es el fruto de aquel germen
    que derramaste en mi niñez dichosa,
    y que al rodar sobre la humilde fosa
    donde tus restos duermen,
    entre sus piedras ásperas se arraiga
    recogiendo su jugo en tus cenizas,
    y esperando en su cáliz a que caiga
    la gota de los cielos que le traiga
    la esencia y el amor de tus sonrisas.


             Manuel acuña.







     

    DEPOESIA. Ovidio Nason. Vega de Magaz, León
    Poemas de grandeza, Poemas de locura, Poesía y versos de lucha, Poesía sobre la nostalgia, Poesía sobre la serenidad, Poemas de pasión, Sátira, humor y poesía burlesca, Poesía religiosa, Poesía erótica, Poemas sobre la alegría, Poesía del desengaño, Poesía existencial, Poesía social, Letras de canciones en inglés, Poesías al viento, Himnos y cantos de guerra. Busca letras, poemas o versos de cualquier autor en la ficha de cada apartado o en el buscador.